En muchas ocasiones le había comentado a mi suegra Ángeles que le pidiera la receta de estas deliciosas e irresistibles magdalenas a su encantadora y generosa amiga María Luisa pero como esta buena mujer nos las regalaba con bastante frecuencia, no había forma de conseguirlo. Bien es verdad-todo hay que decirlo- que esta receta está redactada en una agenda que conserva Ángeles desde hace mucho tiempo y hace una semana María se decidió a prepararnos estas jugosas e irresistibles delicias que hoy compartimos con vosotros.
Nuestro sobrino Yaguito que tiene 10 añitos -nuestro ahijado- le pidió a María que si podía subir a nuestro piso para ver como hacía las magdalenas y mi esposa accedió para premiar no sólo su interés.
Cuando finalizó el tiempo de horneado y transcurridos unos minutos, Yago degustó encantado varias magdalenas y María le preparó una bandeja para que les llevara unas cuantas a sus hermanos. Cuando ya estaba preparado para bajar a su casa no pudo resistirse y comió una más de la bandeja reponiendo a hurtadillas la "vacante" no sin escuchar la voz de su tío que le decía: -¿Pero que haces ardilla?, ja,ja,ja.
En fin, aquí os dejo unas poquitas para vosotros porque cuando se comparte se gana y además uno disfruta haciéndolo. Sólo una observación me gustaría que tuvieran en cuenta vuestras mercedes y es que si pecan, volverán a pecar no una sino varias veces.
Quiero darle las gracias a María Luisa que ha sido profesora de mis hijos cuando eran muy pequeñitos por su generosidad y a mi mujer María porque le han salido deliciosas. Todos quieren que las vuelva a preparar y este es uno de los inconvenientes-es una broma- de vivir tres cuñados en el mismo edificio.
Son deliciosas, de verdad.